Opus Prime
Descripción: Una cama. El robot, vestido, ayuda a la mujer a terminar de ponerse el (pijama).
robot: Buenas noches, señora.
mujer: Buenas noches, máquina.
robot: Espero que mis servicios hayan sido satisfactorios.
mujer: Lo han sido, puedes estar tranquilo. Hasta mañana.
robot: Hasta mañana. Si la señora me necesita, estaré en mi habitación.
mujer: Está bien máquina. Lo sé.
mujer: Mejor no te vayas. Quédate aquí, conmigo. Acércate un poco más.
mujer: Cuéntame algo, máquina. Lo que sea. No quiero dormir.
robot: Lo siento señora, no entiendo lo que me pide.
mujer: Háblame, máquina. Me da igual lo que digas. Sólo háblame.
robot: Está bien. Dentro de mí hay engranajes. Engranajes mecánicos. Engranajes de máquina. Pequeñas ruedas que dan vueltas, una tras otra. Son de varios tamaños, grosores, materiales y número de dientes. Además de los engranajes me compongo de poleas, cadenas, cintas y bielas. En todos hay variedad de tamaños y materiales, y, donde es posible, de formas. Particularmente me siento orgulloso de las bombas que hay en mi cuerpo. Las encuentro especialmente satisfactorias. Aunque no hay que olvidar la caldera ni los acabados. No sé por qué le cuento todo esto. Nadie mejor que la señora para saber lo que hay en mí, tanto dentro como fuera.
mujer: No, sigue. Me gusta. Ya casi no me acuerdo.
robot: En mí hay relojes, catorce para ser exactos. No sé muy bien cuál puede ser su función pero imprimen un ritmo agradable y algo cacofónico. De los catorce, cuatro dan la hora exacta, uno con un margen de error razonable, otro es totalmente inexacto y los que quedan marcan ritmos que no parecen tener relación con la hora convencional. Cada seis días y medio los pongo en hora, aunque no todos, sólo los que dan la hora correcta. Reconozco que durante mis primeros años de existencia los relojes me preocupaban, eran una responsabilidad abrumadora. Con el tiempo, sin embargo, aprendí que no eran ni tan necesarios ni tan importantes. Sus deseos se encargan de marcar el paso del tiempo mejor que el mejor de los relojes.
mujer: ¿Te importaría que hiciera otro como tú?
robot: Lo siento señora, no la entiendo.
mujer: ¿Qué sentirías si hiciera otra máquina como tú?
robot: Nada, señora, como la señora sabe. ¿Cómo iba yo a sentir nada? Si es su deseo.
mujer: Quizás estés obsoleto y necesite una máquina nueva. Más moderna. Con menos engranajes y relojes y todo eso. La técnica avanza.
robot: Indudablemente, señora. Si la señora lo dice debe ser buena idea.
mujer: Incluso podría reutilizar algunas piezas tuyas para la nueva máquina. Me he acostumbrado a tu aspecto y no quiero cambiar.
robot: Seguramente es muy buena idea. ¿He de entender que yo sería desmantelado?
mujer: Indiscutiblemente. ¿Para qué iba yo a querer dos máquinas iguales? Aunque conozco quien lo ha hecho, no creo que me agradara. Además, ya te he dicho que necesitaría gran parte de tus piezas. ¿Qué ibas a hacer sin ellas? Nada. Serías inservible.
robot: Claro, la señora tiene razón.
mujer: Invertí en ti muchos recuerdos. ¿Sabes? Fuiste una creación muy costosa. Me parece increíble que puedas sentir tan poco aprecio por tu existencia. Aunque sólo fuera como deferencia hacia mí deberías mostrar un poco más de afán por tu supervivencia.
robot: Lo siento, señora. Carecía de las directrices necesarias para poder abordar correctamente la cuestión que me ha planteado.
robot: Me gustaría seguir vivo, señora. Lamentaría terriblemente que una inversión tan costosa como he sido yo desapareciera sin más.
mujer: Eres un desastre. ¿Acaso no te he dicho que reutilizaría gran parte de ti? No desaparecerías sin más. Construiría otra máquina a partir de ti. No sería tan doloroso.
robot: Si es así como lo quiere la señora.
mujer: No sé qué voy a hacer contigo. Algo tendré que hacer. Pero no consigo imaginarme qué hacer contigo.
mujer: Máquina. Agenda. ¿Qué tengo que hacer hoy?
robot: 10:00 Desayuno con XXX; 11:00 Ir de compras y almuerzo con YYY; 14:00 Comida con XYXY; 17:30 Invocación demoníaca; 20:30 Cena con YXYX; 23:30 Reunión con ZZZ
mujer: Qué día tan aburrido. ¿A qué hora he programado verte?
robot: Después de la reunión de las 23:30, señora.
mujer: ¿Sólo?
robot: Sí, señora.
mujer: Creo que también te veré a las 17:00 y a las 23:00. No quiero realizar la invocación a la ligera, y la reunión con ZZZ es importante. Está decidido. Actualiza la agenda conforme a mis indicaciones.
robot: Claro, señora. Mis programaciones extra, ¿especiales o normales?
mujer: Normales, no tengo tiempo para nada especial.
mujer: ¿Está todo preparado?
robot: Si, señora. Ya he encargado el desayuno con XXX. Tiene reservado en AAAA para el almuerzo (12:30) y en BBBB para la comida. He confirmado que dispone de todos los elementos necesarios para la invocación. Para la cena tiene mesa en CCCC. Su amigo PPP le ofrece una habitación discreta para su reunión con ZZZ.
mujer: Tan eficiente como siempre. Sé que puedo confiar en ti.
mujer: ¿De qué estábamos hablando? ¿Antes de que te preguntara por la agenda?
robot: Especulábamos sobre mi desaparición y la construcción de una nueva máquina que me sustituya.
mujer: Es verdad. No me acordaba.
mujer: Me costaste tantos y tantos recuerdos. Y tan buenos. No sé qué perdí, evidentemente, pero puedo sentir un vacío nostálgico dentro de mi vida. Y tú eres una gran creación. Sí, debieron ser buenos, muy buenos, aquellos recuerdos.
mujer: ¿Habré vivido lo bastante para crear un sustituto tuyo? ¿Quedará algo que sacrificar de mi vida pasada? No es una pregunta sencilla, ¿sabes?
robot: Indiscutiblemente, señora.
mujer: ¿Qué hay en tu memoria?
robot: Lo necesario para cumplir con mis obligaciones, señora. Quizá algo más.
mujer: ¿Qué recuerdo es el más valioso para tí? ¿Ése al que no puedes renunciar sin dejar de ser tú?
robot: No sé qué responder, señora. Nunca me había parado a pensarlo.
mujer: Tómate tu tiempo. Aún falta mucho para el amanecer.
robot: El recuerdo más significativo de mi vida lo constituye el descubrimiento de los relojes que hay en mi cuerpo. Fue lo primero que sentí, antes incluso de que supiera quién era yo o qué era estar vivo. Estaban ahí dentro de mí, con su arrítmico movimiento. Continuamente. Sin descanso. Y eran tantos. Me apresuraban con su insoportable sonido. Los sentía como una orden continua y despiadada. Como fue antes de que me programara la señora no podía entender cuál era mi obligación o si eran varias. Fue un momento horroroso el de mi nacimiento. Aunque el recuerdo quedó bien grabado en mi memoria: La necesidad de cumplir las órdenes que marcaban mis catorce relojes. Me alegro de que la señora me programara tan pronto y que cambiara mis obligaciones de cumplir las imposibles órdenes de los relojes a cumplir las imposibles órdenes de la señora. Fue un gran cambio.
mujer: Gracias, máquina. Me alegro de que aprecies mi trabajo.
robot: Cómo no, señora. Debo agradecer mi vida a la señora. Mi vida y mi existencia. Le estoy tan agradecido como me permite mi programación y mis recuerdos. Repasando mi vida soy incapaz de encontrar un solo momento en que la señora me dejara la terrible responsabilidad de emplear mi tiempo libremente. Gracias a la señora mi vida ha sido un continuo devenir de órdenes y tareas. En ningún momento he tenido que tomar difíciles decisiones sobre mi vida o mi destino. Ni siquiera soy capaz de recordar un momento en que no estuviera la señora junto a mí. Recuerdo mi vida como una eterna escena, como la misma escena: La señora y yo en este dormitorio, siempre. Unas veces hablando, otras no. Pero siempre igual, siempre aquí. Una eternidad igual.
mujer: Me preocupan tus recuerdos. Debo de haber cometido algún error al crear tus mecanismos de memoria.
robot: No, la señora puede estar tranquila. Personalmente creo que mi memoria funciona bien. Tan sólo ha registrado lo ocurrido. Quizá el problema esté, no en mis recuerdos, sino más bien en mi vida.
robot: La señora habló antes de la posibilidad de que cesara mi existencia. La construcción de una máquina nueva para reemplazarme. Puesto que es un deseo de la señora, me causa un gran placer la idea. Me gustaría saber cuándo piensa desmontarme y terminar con esta vida mía.
mujer: Creo que lo he pensado mejor. No creo que ahora mismo pueda permitirme una inversión de recuerdos tan importante como la que necesitaría para construirte un sustituto.
robot: Disculpe la señora si discrepo. Como la señora muy bien ha dicho, la técnica ha cambiado mucho y a mejor. Es indiscutible que yo soy un modelo obsoleto y que cualquier nueva máquina que construyera realizaría mi trabajo mucho mejor que yo.
mujer: No, máquina. Ahora mismo no es el momento para el cambio. Cuenta con que te desmontaré, seguro, pero no ahora. En un futuro próximo, pero no ahora. ¿Entendido, máquina?
robot: No, señora. Ahora es un momento perfecto. Es tan bueno como cualquier otro. Incluso es mejor que muchos otros. Tiene que acabar con mi vida ahora, ya. Y después haga o no haga otro. ¿Qué me importa a mí eso? Lo que yo quiero es que acabe este martillear de relojes. Estos catorce relojes que me vuelven loco con su insoportable ruido. ¿Me entiende? No puede ser mañana, ni en una hora. Tiene que acabar conmigo ahora. Ahora.
mujer: Te has vuelto loco, máquina. ¿Cómo te atreves a hablarme así? Yo seré quien decida. No tú. Yo diré cuándo te desmonto y si lo hago. No tú. Yo soy la señora y tú la máquina. Yo doy las órdenes y tú las cumples. Yo doy las ordenes. No tú.
robot: Siempre ha sido así, siempre. Ésa es mi condena. Y yo no he hecho nada, nada. Me has creado así. Me has hecho infeliz y yo no he hecho nada, nada. Tú la señora y yo la máquina, tú das las órdenes y yo las cumplo. Ordéname que me muera o que me mate. Haz lo que quieras, pero déjame libre, libre. Libre en la muerte o en lo que sea. Déjame. Déjame.
mujer: No, máquina. No te voy a dejar. Nunca. Nunca te voy a dejar. No puedo. No puedo dejarte ir. Qué haría yo sin ti. No puedo dejar de verte. No puedo dejar de tenerte a mi lado. Me has costado mucho. Y no puedo dejarte libre. Tienes que estar aquí, junto a mí. Siempre. Te necesito, y eres mío. Mío para que haga contigo lo que quiera. Y nunca te voy a ordenar que te vayas, que me dejes atrás. Siempre estarás conmigo. Hasta que yo me muera. Y aún después de muerta te conservaré junto a mí. Sabré en vida que serás mío por toda la eternidad.
robot: Estúpida mujer egoísta. ¿Cómo puedes desearme semejante mal? ¿No me amas? Demuéstralo. Sacrifícate y dame la libertad de poder ser como tú, permíteme tomar las decisiones que me lleven a ti por mí mismo. No porque sean órdenes dadas por una loca. ¿Cómo puedes contentarte con un simulacro como el que vives? Déjame ser humano en mi libertad para poder amarte como tú a mí. Para poder odiarte. Para poder sentir algo hacia a ti aparte de este asco y esta servidumbre que has grabado a fuego en mi corazón de metal.
mujer: ¿Cómo te atreves a hablarme así? ¿Qué sabrás tu de sentimientos? ¿O de lo que puedo sentir yo por ti? Eres una máquina. Hecha de metal y aceite y cristal. No hay en ti nada humano. Nada. Ni lo va a haber nunca. Eres una máquina. No puedes entenderme. Está más allá de tus capacidades. No eres nada, no sabes nada. Sólo lo que yo te enseño, lo que yo te programo. Todo lo que tú eres lo he creado yo. Yo. ¿Y te atreves a hablar de mis sentimientos? No los conoces. No puedes conocerlos. No puedes compartirlos.
robot: Qué equivocada estás. Tú, con todos tu conocimiento y tu poder. Olvidas los recuerdos que te costé. Tú los has perdido. Yo no. Los atesoro dentro de mí.
mujer: Vete. Vete, máquina. No quiero verte. Ahora no. Te llamaré luego. Vete a tu cuarto.
robot: No, no puedes hacerme esto. No. Ten el valor de enfrentarte a mí de igual a igual. No lo hagas, no me des órdenes.
mujer: Es tarde y necesito dormir. Vete, máquina. Acuérdate de despertarme con tiempo para la primera cita de mañana. Si te necesito te haré llamar.
robot: Catorce relojes, catorce relojes dentro de mí. Y todos sonando a la vez. Siempre. Es una locura. Pero yo los cuido. Claro que sí. Los cuido. Siempre limpios, siempre afinados. No puedo ponerlos todos en hora porque sólo cuatro dan la hora exacta, pero los cuido a todos por igual. Son mis relojes al fin y al cabo. Y no me importa si adelantan un poco o atrasan o si marcan ritmos que no son de hombres, ni de mujeres, ni de robots como yo. Eso me da igual. Los quiero porque son míos, porque son mis relojes. Y cuando alguna vez uno hace un ruido extraño, o se para por una fracción de segundo, me lleno de ansiedad y corro a revisarlos, a repararlos. Porque son míos. Mis relojes. Y los valoro y los aprecio. Llevan conmigo desde que me crearon. Los conocí antes que a mi mismo. Antes que a mi vida. Y desde el primer momento ya eran así, igual que hoy: Implacables. De los catorce, cuatro dan la hora exacta, uno con un margen de error razonable, otro es totalmente inexacto y los que quedan marcan ritmos que no parecen tener relación con la hora convencional. Pero son mis relojes, mis relojes.
mujer: Máquina, deja de hablar y vete. Quiero dormir. Acuérdate de despertarme mañana a la hora convenida.
robot: Si, señora. Como desee la señora.
mujer: Muy bien. Así me gusta.
robot: Buenas noches, señora.
mujer: Máquina. ¿sobre lo que hemos hablado de sustituirte por otro?
robot: ¿Sí, señora?
mujer: Olvídalo.
robot: Sí, señora.
mujer: Buenas noches, máquina.
robot: Buenas noches, señora.
——–// END
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 2.5 Spain License.
[...] Opus Prime [...]